Mi historia – Parte 2

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Esta semana he recibido una muy buena noticia que no me ha podido motivar más a seguir contando aquí mi historia sobre la ansiedad.

Cómo ya os contaba en el primer post de esta historia tan personal, mi lucha contra la ansiedad ha sido un proceso lento y de progresos muy pequeñitos, pero que al final cada uno de ellos ha supuesto el poder decir a día de hoy que soy yo la que controla este trastorno y no él a mí. 

Esta es la gran noticia que he recibido hoy por parte de mi médico especialista, mi psiquiatra, porque sí, igual que cuando nos fracturamos un hueso o tenemos un resfriado, vamos al médico. Cuando se tiene un trastorno de cualquier tipo que no sabemos cómo abordar, existen médicos especialistas que para eso están, para tratar este tipo de enfermedades.

Que no sea algo que se pueda tocar o ver no significa que no sea algo que no se deba tratar. 

 

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Lo más difícil en estos trastornos es darte cuenta de que los estás sufriendo y después, diagnosticarlos de tal forma que no limiten. Puede ocurrir que este diagnóstico suponga etiquetar a la persona en cuestión y sienta que es algo que jamás podrá superar. Eso me pasó a mí cuando el primer diagnóstico que me dieron fue que tenía un Trastorno Obsesivo Compulsivo. A día de hoy me doy cuenta que puedes sufrirlo, pero cómo para todo, hay niveles, y el mío no era un nivel que me estuviera produciendo el continuo estado de estrés y alerta que sentía ante todo.

Hay debilidades tanto físicas cómo mentales. Hay gente que tiene mala circulación, que tiene alergia, problemas de espalda, diabetes,  enfermedades crónicas, migrañas…. y no por ello no las tratan. Estas personas tienen que lidiar con estas dificultades día a día, son luchadores natos y al igual que ocurre con este tipo de enfermedades físicas, ocurre con las enfermedades mentales.

Quizás lo más duro ante un trastorno, sea aceptar que lo tienes.

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Una vez que esto ocurre, lo demás suele ir rodado. Esta aceptación no lleva uno ni dos ni cinco días. Para cada persona supondrá un proceso, dependiendo de su ritmo de asimilación y aprendizaje, que no será ni mejor ni peor que el del resto, simplemente su ritmo.

Es inevitable comparar a veces, pero para cada etapa y para cada persona hay un ritmo, y este ritmo es algo que va variando constantemente y que debes ir probando y re-calculando. Yo no soy la misma que cuando tenía 12 años ni seré la misma que cuando tenga 40. Sólo sé que mi ritmo ahora no es aquel que me permite hacer 34335835842049 cosas al día cómo intentaba hacer antes, y que tachar veinte tareas de una lista no me convierte en mejor persona, sino que me provoca no respetar mi ritmo actual y desencadena en mí un estado de estrés permanente, es decir, un trastorno de ansiedad.

Está claro que después de sufrir un trastorno de ansiedad con un nivel bastante elevado de la misma, mi ritmo ha tenido que descender mucho y quizás el que tengo ahora no sea mi ritmo normal, pero sí se que es el que ahora puedo llevar.

 

Aceptar esto también es muy duro, sobre todo cuando has sido una persona muy inquieta que podías hacer muchísimas cosas y algunas de ellas hacerlas muy bien (según mi criterio, demasiado perfeccionista por aquel entonces). Sin embargo, esta necesidad por hacer cosas fue la que me provocó, entre otras muchas, este trastorno.

Ya no hacía las cosas por disfrutarlas sino por cumplir la tarea.

Me volví una máquina de ejecución demasiado productiva. “Tengo que, tengo que, tengo que….” Todo eran exigencias y obligaciones. Había que hacerlo, y hacerlo muy bien. No quería hacer cosas que no fueran productivas. Necesitaba planes, tareas, cosas. Pero me olvidé de las cosas más básicas y TAN NECESARIAS. Como mantener una conversación por teléfono con mi madre sin nada en concreto de lo que tener que hablar, quedar con mis amigas o estar tumbada en la cama viendo las horas pasar.

NO HACER no era algo que supiera hacer bien. 

Pero de todo se aprende en esta vida, y sin duda este último año es el año en el que más he aprendido sobre mí misma y todo lo que me rodea. Ha sido el año que más cerca he sentido a mi familia, a mi pareja, a mis amigos y amigas … incluso a gente totalmente desconocida.

Lo primero que le recomiendo a toda persona que piense que pueda sentir un trastorno de ansiedad es escuchar. Escuchar a las personas que te quieren y no enrocarte en tí. Mi madre me decía que parara, que recapacitara, que dejara de hacer tantas cosas … me costó mucho escucharla y al final fue la ansiedad la que me paró por completo en forma de ataques de pánico.

Es una etapa que ha tenido muchos malos ratos, pero que me ha dejado tanto bueno…

ansiedadparte2_2No podía subirme al metro, me agobiaba estar rodeada de gente durante mucho tiempo… me preocupaba por todo, porque pasara algo grave, porque me pasara algo grave. Le daba demasiadas vueltas a las cosas y estaba muy irascible. Dormía muy mal, tenía muchas pesadillas y me ponía mala constantemente. Tenía infecciones de orina, me salían llagas, me dolían el cuerpo, la espalda, el cuello….

Era una persona en tensión a punto de estallar. Y así fue.

En Abril de 2015 mi cuerpo decidió que hasta aquí. Estaba cenando con una de mis mejores amigas y mi chico en Madrid y de repente empecé a sentir palpitaciones en el cuello, sensaciones MUY extrañas que jamás había sentido. La comida no me bajaba, tenía cómo un nudo en la garganta y empecé a hiperventilar y a temblar. Tuve que salir fuera y mi chico me acompañó. No dejaba de temblar, no se me pasaba. Mi amiga Silvia, médico internista, me contaba hace poco que en Urgencias saben perfectamente si se trata de un ataque de ansiedad, sobre todo cuando la persona dice sentir que se muere. 

Así me sentía yo, es una sensación TAN angustiosa que parece que no vas a salir de ella nunca.

Pero salí y se me pasó. Después de ese ataque, que efectivamente así lo catalogaron esa noche en Urgencias, comenzó una etapa en mi vida muy diferente a otras que he vivido. Una etapa de búsqueda, de desesperación porque un especialista me escuchara más de 5 minutos, de búsqueda de una terapia que me fuera bien y no me hiciera empeorar (que la hubo).

Esa batalla que os quiero contar en pequeñas dosis y que a día de hoy siento que está casi ganada.

 

Historia basada en mi experiencia personal.

Fotos extraídas de Pinterest.

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