La ansiedad y yo – Parte 1

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Cómo os contaba a grandes rasgos en “Sobre mí”, hace poco he descubierto (y sigo aprendiendo) que la forma en la que estaba viviendo mi vida hasta ahora no me beneficiaba en absoluto.  También pienso que esta sociedad va cada vez más rápido, con la tecnología, con la comida, con las cosas que se hacen para disfrutar pero convertimos en estáticas obligaciones, con la moda healthy, muchas veces inflexible. Con las radicalizaciones, con la excesiva productividad y competitividad, con hacer todo a la perfección, con el “no excuses” y “train-hard-or-go-home”, con no ser consecuente con tus objetivos y limitaciones.

No me avergüenzo al admitir que a mí todo este ritmo me atrapó, y a través de contarlo en Instagram, lo que me ayudó muchísimo, sé que mucha, mucha gente, sufre o ha sufrido lo mismo. Muchos de ellos están en proceso y lo han asumido, muchos otros lo sufren en silencio.

Sí, amigos, me refiero a un trastorno de ANSIEDAD.

Estos trastornos mentales, además de estar estigmatizados y ser constantemente juzgados, suelen ser ocultados cómo una gran debilidad ante el resto de la sociedad. Son muchas las personas que giran la cabeza hacia el otro lado y no afrontan sus problemas, sobre todo si son provocados por su mente. Son muchas también las que no escuchan a su cuerpo y no lo respetan.

¿Que vas al psicólogo? ¿Es que estás loco/a?. 

¿Que tienes ansiedad? Pues relájate y ya está…

y así mil frases más que he tenido que escuchar. 

Yo nunca he juzgado estos trastornos, al revés, siempre me han causado mucho MUCHO respeto, pero reconozco que no los llegas a entender hasta que los padeces tú o una persona muy cercana. Sin embargo el respeto siempre está ahí, los entiendas o no.

La mente y por consiguiente, nuestro cerebro, es el verdadero motor que nos mueve, que nos avisa, que nos protege.

Cuando la gente dice:” Escucha tu cuerpo”, no penséis que es tan sencillo comprenderlo. Yo he aprendido a hacerlo a base de mucho esfuerzo y aún a día de hoy, sigo aprendiendo.

Creo que mucha gente tiene ansiedad pero no lo sabe o no la detecta, aunque está claro que no todos la padecemos al mismo nivel, ese nivel que pueda resultar dañino a nivel físico o psicológico.

Por ejemplo yo, al escribir este post , ya la estoy teniendo. Me gustaría acabarlo ya, me gustaría explicar todo lo que quiero contar, y explicarlo muy bien, no dejarme nada, pero contarlo ya. Esto es ansiedad. No disfrutar el momento, no dejar que pase lo que tenga que pasar. No tener paciencia, perder la calma y la serenidad, no dosificar.

 

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La ansiedad por tanto también es una enfermedad, y aunque parece que surge sin avisar, lo hace, y mucho,pero cada persona puede que no la reciba igual. Hay muchos niveles y es diferente sufrir estrés que sufrir ansiedad. Según mi experiencia y aprendizaje este año, he conseguido identificar ambas cosas. 

El estrés aparece cuando hay un factor estresante en tu vida, desde no llegar a coger un autobús hasta picos de trabajo, problemas con tu pareja, con algún amigo o amiga, con algún miembro de tu familia, obsesionarse demasiado con algo… etc. Un poco de estrés a veces no viene mal, pero un estrés continuado puede producir un trastorno de ansiedad.

La ansiedad es seguir sintiendo ese estrés aún cuando la situación estresante ha desaparecido. Es decir, si a pesar de descansar, de tomarte unos días de respiro, de desconectar de todo, te continúas sintiendo estresado.

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En mi caso siempre he sido “una ansias” y “le he dado demasiado al coco” con diversas facetas en mi vida, por lo que creo que ya estaba destinada. A cada uno nos toca una cosa 🙂 . Desde bien pequeña era ansias con la comida, comía por los ojos, sin control, por vicio…me ponía mala, malísima… estaba gordita, la verdad que no mucho para todo lo que que comía, pero siempre me he sentido y me sentiré por dentro mucho más rellenita de lo que soy, con ese espíritu devorador de comida que aún algunas veces tengo que frenar.

El tema de la ansiedad con la comida se relajó y hace cinco años, gracias a comenzar a hacer deporte de forma más habitual y cómo estilo de vida, empecé a dosificar esa ansiedad y a recuperar el control. Esto no significa que ya nunca lo pierda, pero tras un año de trabajo, no de tal forma que me perjudique.

La ansiedad entonces me sorprendió de repente mostrándose en otro formato. De repente sentí ahogo, presión en el pecho, me sentía inquieta, nerviosa, sentía palpitaciones, sudores… sentía que me moría. No podía dormir bien, no podía desconectar mi cabeza, recibía demasiada información y no la podía gestionar. No sabía cómo hacerlo. No estaba pasando por una situación estresante en ese preciso instante y aún así sentía estas cosas.

Esto fue en 2010, y tras algunas pruebas médicas me dijeron algo que jamás esperaría. Tenía una crisis de ansiedad. No sabía ni qué era eso, pero el médico de cabecera no tardó en recetarme un ansiolitico. Yo no quería tomarlos tan joven y empecé a hacer deporte de forma más habitual cómo vía de escape.

Empecé a ponerme retos, a superarme, a sentirme genial conmigo misma. Me enamoré del running y todos sus beneficios y aunque los inicios fueron duros, MUY DUROS, descubrí que no se me daba tan mal, que realmente lo disfrutaba y me hacía crecer cómo persona en muchísimos otros aspectos de mi vida.

Sin embargo y con mi perfil ansioso  y algo obsesivo, no tardé en comenzar a perder el control… sin apenas darme cuenta. Llevé todo un poco al extremo, me costaba medirme. Quería llegar a todo, quería probar todo, y quería hacerlo todo bien. Aunque mis intenciones eran positivas, la forma de ejecutarlas no era beneficiosa para mí.

Tal exigencia fue poco a poco acabando conmigo, pero yo no quería darme por aludida. Me volvió a afectar en el sueño, en mi humor, en forma de bajada de defensas, en sentir que no tenía el control.

Cuando me quise dar cuenta ya era tarde y la situación era irreversible. En Abril de 2015, justo hace un año, sufrí un gran ataque de ansiedad, al que sucedieron bastantes más, algo que ya había olvidado. Esta situación ya no podía solucionarse con hacer deporte, porque el deporte ya no me aliviaba, sino que me daba más y más ansiedad. Probaba yoga, meditación, otras cosas más relajadas, pero ya nada me ayudaba.

Puse al límite a mi cuerpo, pero sobre todo a mi mente, y lo peor es que no era consciente.

Tuve que parar en seco, parar mi vida y re-aprender a vivir. 

 

Continuará . . .

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Imágenes obtenidas en Pinterest

Información contada desde mi experiencia personal

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13 comments

  1. Sofiii!! Jo, me he sentido súper identificada con este post! Yo también soy una ansías dela vida… A veces demasiado y me provoca ese estado de nerviosismo crónico que no sé cómo parar. No sé si algún día llegaré a explotar, algunos me dicen que si, que en la vida no hay que ir con prisas, pero por el momento aguanto… Y sé que la solución no es aguantar si no aprender, pero espero que con el tiempo mi cabecita aprenda poco a poco.
    Me alegro que hayas sido tan valiente de contar esta historia tan personal!

    Un besazo enorme guapi!

    1. Ay mi Carol!!! pues yo te diría que no dejes que explote, de verdad!! poquito a poco iré contando mi experiencia aquí,por lo que espero que si te sientes identificada te ayude y puedas poner algunos de mis consejos en práctica! en mi caso para aprender tuve que parar mi vida por completo, no encontré otra forma y ahora me doy cuenta que fue la mejor. Realmente he re-aprendido muchas cosas, y aunque siempre tiendo a volver donde estaba y tengo que redigirme, de verdad que no lo cambio. Ese estado de nerviosismo estaba acabando con mi salud… lo dicho, seguiré contando mi experiencia aquí así que encantada de que me leas! un besazo!!!!!

    1. Muchísimas gracias por tu comentario, Pablo! claro que no, nunca la bajo, esto es una lucha constante.. habrá recaídas pero esto me está haciendo muy fuerte, así que no me doy por vencida jamás 🙂 un abrazo y muchas gracias!!

  2. Increíble!!!!Solo como tú estás haciendo,aprendiendo a escuchar tu cuerpo,asumiendo y afrontando el problema con la cabeza bien alta y conociéndote día a día,podrás convivir con ella,la ansiedad.Besos guapa

    1. Muchísimas gracias Fati! aún queda mucho camino pero sin duda afrontar la ansiedad ha sido una de las cosas que más me ha ayudado a crecer cómo persona. Gracias a tí por el gran apoyo al inicio de este camino, fue vital para mí de verdad 🙂 un besazo enorme

  3. Alucinante… Lo importante que es escuchar al cuerpo, pero para eso hay que aprender su lenguaje y traducir lo que nos quiere decir. Olé por ti y por afrontar la situación de una manera tan valiente, sé de buena tinta que no es nada fácil. ¡Lo estás haciendo de maravilla! Te he descubierto a través de lady_compostela en instagram, y he leído algunas entradas de tu blog. Me he enganchado… Tienes una manera de ver la vida positiva pero en su justa medida, sin caer en los tópicos de siempre y muy segura de lo que dices. Gracias, porque nos ayudas a ver las cosas con perspectiva.
    UN ABRAZO GORDO DESDE CANARIAS, GUERRERA.

    1. Hola!Ay, qué ilu me ha hecho este comentario! 🙂 Lady Compostela es un amor así que no podían ser de otra forma sus seguidoras! Tienes toda la razón, no vale con escucharle, sino que también hay que entenderle… y es lo MÁS dificil, comprender lo que nos quiere decir. En ello estoy y no dudo que todo este esfuerzo me va a servir para todos los aspectos en mi vida. De verdad, muchísimas gracias por este feedback acerca de mi blog, lo agradezco un montón! Seguiré compartiendo mis progresos en esto de la Slow life, y espero que vosotros/as también compartáis los vuestros conmigo!Un abrazote para tí también!

  4. Muchas gracias por compartir tu experiencia, es un alivio leer sobre el tema de una manera tan clara, y ver que no somos casos aislados.
    Un beso y sigue contándonos tus experiencias

    1. ¡Muchas gracias Ana! 😀 siempre intento compartir lo que a mí me hubiera gustado leer hace un año, donde yo no encontré info y tuve que ir descubriendola por mí misma… pero bueno, si ese aprendizaje ahora ayuda a gente cómo tú … ¡ha merecido la pena! 😀 un besazo!

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