Adiós abuelico

En este momento, no existe mayor ejemplo de lucha que el tuyo.
Luchador nato desde que naciste.
Desde que vivías sin apenas comida en un pueblo donde el agua se sacaba de un pozo.
Desde que con 8 años perdiste a tu madre y aún así tiraste pa’ lante, cómo podías.
Desde que te proclamaste Ingeniero de caminos entre miles y miles de aspirantes, con exámenes de más de cinco horas, con horas y horas de estudio, con tu esfuerzo incansable.


Desde que tenías el dinero justo para sobrevivir en Madrid, comías huevos fritos en agua pero aún así sonreías. Disfrutabas de tus amigos, competías en futbol, tenis, golf… ¿qué no hacías?
Desde que formaste una gran familia aún sin poder asistirles tanto cómo hubieras querido.
Desde que dirigiste grandes obras, entre ellas la Presa del Vellón.
Desde que diste todo el amor que pudiste a tus nietos, con tu paciencia infinita.
Desde que les enseñaste todo lo que sabías.
Cosquillas, besos, abrazos, carreras, fotografía, Autocad, cómo leer planos.
Paseos por la playa, baños en la Mata, siestas mirando atletismo, fregando los vasos con tanto esmero y cariño, contado estrellas contigo.
Riéndote con nuestras trastadas, cuidándonos cuando estabamos malas, cantando el himno del Atleti, sacando a Bella por las dunas, haciendo los deberes en tu casa.
Francisco Marín, Ingeniero de Caminos, siempre serás el mayor luchador que ha habido.

Te querremos siempre,  abuelico.

 


															

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