A los miedos hay que plantarles cara

De pequeña era gordita, quizás no tanto como yo pensaba, pero así me sentía. El hecho de compartir mi vida con una hermana que era muy delgadita y no le gustaba mucho comer, hacía que yo notara más la diferencia. Odiaba mis michelines. Siempre tenía hambre, a todas horas, en cualquier lugar. Siempre he sido una ansias, soñaba con comida, la devoraba. Creo que era mi vía de escape y me ponía mala, muy mala. Mi madre tenía que prohibirme comer chuches u otras guarradas.
Hasta los 16 años no empecé a sentirme guapa. Siempre he sido muy insegura, me he sentido invisible y algo marginada.
En la Universidad me empecé a gustar pero todo lo que había conseguido … en unos meses se volvió a esfumar. Una relación tóxica me anuló, me borró del mapa y me robó la razón. Aún a día de hoy me sigo recuperando de sus estragos. Siempre quedan pequeñas cosas sin resolver, de esas que te marcan sin dejar señal aparente. De esas que si la gente supiera….no podría creer. Y por arte de magia apareciste tú, y me diste todo aquello que me faltaba: seguridad, fortaleza, felicidad, amor de verdad, libertad, constancia. En gran parte gracias a ti, hoy soy quien soy. Aún así esa inseguridad siempre me persigue y me reta constantemente a ganar la batalla. Yo le digo NO, firme y estática. “Aquí estoy yo, y quiero vivir relajada.” Pero coger unos kilos, verte algo más ancha o más flácida… teniendo toda esa inseguridad detrás, agazapada, esperando atacar con su mejor jugada, no me lo pone nada fácil. Y es que soy humana. Hay días en los que no te aguantas ni tú, y cualquier cosa te afecta. Hay días en que te comerías el mundo y te resbala lo que alguien opine o crea. Hay días que te miras y te aceptas. Hay otros días que eres más exigente, y nada te vale, todo te resta. Hay días que sólo importas tú pero hay otros que te comparas.
Esta es la gran verdad, los miedos, las sombras y los fantasmas siempre están ahí, esperando para pillarte desprevenido. Por eso lo mejor que podemos hacer es … plantarles cara. Quitarle importancia al asunto, relativizar mucho, permitirte sentirte así un rato, pero uno pequeño. Un ratico que pase rápido. Y después volver a intentarlo. Convencerte de que no es para tanto. Valorar lo positivo, lo que sí tienes, lo que sí haces, lo que sí sientes.

Dentro de ti ya tienes todo lo necesario.

¡Gracias por leer!

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2 comments

  1. Me encanta!! Tienes que visualizarlo siempre asi, en los malos momentos intentar recuperar un poco la razón y buscar todo aquello que suma y todos aquellos que darían mucho por tenerte!!! Besitos

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